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Vivir #Brasil2014 II – Ciao ciao Italia. Hola nuevo jugador tico.

Viernes, julio 4, 2014
En tres años, muchos jugadores limpiaron el traspié pasado, erradicaron la mediocridad y se adueñaron del escenario más grande.

En tres años, muchos jugadores limpiaron el traspié pasado, erradicaron la mediocridad y se adueñaron del escenario más grande.

En el 2011, Jorge Luis Pinto Afanador asumió la dirección técnica de la Selección de Costa Rica. Un año después de la tragedia futbolística que vivió el país con un gol de último minuto en Estados Unidos y un fracaso en repechaje contra Uruguay. El colombiano vino a iniciar un proceso después de una fallida calificación, dos mundiales con una victoria en seis juegos y más de 20 años sin superar el mayor logro de llegar a octavos de final en una copa del mundo.

Se encontró un equipo destrozado anímicamente y con cierta decadencia, una Federación con un fracaso a cuestas y pleitos internos y una afición desilusionada no sólo del más reciente fallo, sino de la acumulación de años de mediocridad.

De aquel equipo titular en la derrota en el primer juego del repechaje ante los charrúas sobrevivieron hasta Brasil Keylor Navas, Roy Miller, Cristian Bolaños, Celso Borges, Bryan Ruiz y el lesionado Alvaro Saborío. Michael Umaña y Junior Díaz entraron de cambio y otros más. Y Luis Marín sigue como asistente técnico. Junto a sus actuales compañeros, son los protagonistas de una transformación más profunda que una victoria.

En Brasil 2014 ya se ganó un grupo con tres excampeones mundiales, se venció a un excampeón de Europa y se rompió el histórico pase a octavos de final de Italia 1990. Pero el logro de estos guerreros va más allá de cuatro resultados y el buen juego mostrado.

Victorias, talento, alma y mentalidad

Historias de sorpresas y Cenicientas hay muchas en el fútbol y el deporte. Costa Rica eleva ese nivel de David y este sábado puede alargar su leyenda en Salvador de Bahía, ante Holanda.

Pero el valor de este equipo debe medirse más allá de lo que dicen los números y el romper el techo costarricense hasta cuartos de final o semifinal. El cambio en la mentalidad del jugador costarricense que esta generación demuestra en tierras sudamericanas es vital para entender el porqué la Tricolor está entre los mejores ocho equipos del orbe.

Del jugador tico se ha dicho históricamente que es técnico, que le gusta tocar la bola, que le gusta llevar la pelota cerquita del pie, que son hábiles… Contento y consuelo de tontos, premio de mediocres. En eso se convirtió la estampa del tico talentoso, que no llegaba lejos. Algunos legionarios nos llenaron de orgullo, pero el equipo patrio no pasó de ser una muestra de jogo bonito por momentos y fracaso absoluto en las ligas mayores.

Pinto estableció condiciones distintas. Con ciertos tintes militares, una obsesión por el parado táctico y la defensa correcta y la insistente investigación de las condiciones del rival y propias. Costa Rica mutó en su juego. Hace mucho dejamos de tener un creativo, el 10 que tanto extrañé durante la eliminatoria. (¡¿Dónde estabas Wílmer o Paté?!)

Bryan Ruiz tomó un rol que no es el de su esencia de delantero. Celso Borges maduró de golpe y se hizo el líder de la media (sin ser diez). Keylor Navas creció a niveles descomunales en su estampida europea. El argentino bigotón que se peleó con todos hizo emerger a nuestra joya negra más preciada salida de Desamparados. Y las alas se crecieron a una envergadura inimaginable con dos laterales de primer mundo, uno de los cuales desgraciadamente ve el Mundial por televisión.

Pero más importante mutamos en la mentalidad y actitud con que se enfrentan los partidos. En la nieve se tuvo coraje. En el Azteca se mantuvo el temple. En casa se hizo valer la localía. Y aunque habían momentos donde faltaba liderazgo (el excapitán Erick Lonnis pidió que se debía acuerpar más, pelear más, gritar más…) la escuadra maduró su mente, su fe y la creencia de que no son menos que México, Estados Unidos o los campeones que la FIFA arrojó en el camino.

Mantener el ciclo mental, no devolverse a la playa

Brasileños, peruanos, alemanes, estadounidenses me preguntaron en las calles de fiesta de Brasil “¿a qué se debe que hayan llegado tan lejos?”. Los llamados analistas y expertos del fútbol que los medios presentan dedicarán horas a intentar responder esta pregunta en unas semanas.

Desde allá arrojé las líneas que pensé con una cerveza en la mano y una sonrisa imborrable: el factor Pinto, el talento de ciertas figuras, el convencimiento grupal y el valor de los jugadores que se hartaron de representar una escuadra mediocre y querían ser parte de algo grande. No bastaba trazar pases bonitos, inventar taquitos o armar jugadas atractivas, si el resultado final no era la adictiva victoria y la escurridiza y por momentos imposible clasificación.

Durante la eliminatoria y fogueos mi mejor amigo (una de las personas no profesionales del deporte que mejor entiende el fútbol, más que muchos profesionales), mi grupo de mensajes celulares sumergido en el fútbol y yo no cesamos las críticas. A los desplazamientos, a la falta de desdoble, a la pobre condición física y sobretodo a la que calificamos como mediocridad por no buscar otro resultado o camino (se vio en la visita a Honduras o el inicio ante El Salvador).

Pero la Sele se encargó de silenciar y tapar bocas, de provocar que muchos se subieran a la carreta por la cual nunca apostaron y de desterrar los vicios que en algún momento observamos. Además de la lucha por semifinales, ese es su legado: entender que en fútbol (y la vida) Costa Rica está para más que animar una goleada del equipo germán organizador de la copa o del Brasil futuro campeón, sino para elevar la competitividad, sacar el pecho y mandar a pesas a cualquiera, sea campeón de Concacaf, América o el Mundo.

Los humanos buscamos la grandeza, pero en algún momento del camino de la vida tomamos decisiones y nos acomodamos en estados mediocres que nos envían por atajos o en reversa. Este equipo entendió lo que deseaban: dejar de ser el tico hábil y fiestero, para ser protagonista. Es la mentalidad que se debe seguir inculcando y es el espíritu que debe inspirar a los clubes, Federación y otros grupos deportivos para reproducir su valor. Algo que el país urgentemente necesita.

“No venimos a conocer las playas”, dijo Celso Borges en conferencia de prensa. No es una línea. Es la consigna que 23 jugadores y un cuerpo técnico se estamparon en el cerebro, la conciencia y el alma. Es la transformación que tiene a este grupo, al borde de – no, no me arriesgo al decirlo – la semifinal más impactante en la historia del deporte rey.

El público que viajó a Brasil se contagió de la mentalidad del equipo y no cesó en su canto. Uno de los ídolos, Yeltsin Tejeda, agradeció el apoyo tras la clasificación ante Italia.

El público que viajó a Brasil se contagió de la mentalidad del equipo y no cesó en su canto. Uno de los ídolos, Yeltsin Tejeda, agradeció el apoyo tras la clasificación ante Italia.

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