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Deje de ser mierda

Martes, noviembre 22, 2016
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La luna de hace unos días, a través de árboles nandayureños.

Me duele la muñeca. Me duele levantar peso, hasta una bolsa de tela con cuatro compras, y restregarme el jabón en la ducha. Me duele escribir en la computadora y al parecer este escrito también. WordPress me recordó que hace dos años escribí lo último aquí, un cuento de sequía y amor y rencor y el polvo cruel que dejan los muertos. Pero más duele la frustración.

 

Terminé un trabajo, solté la amarra del teclado y me fui a correr. Dejé el celular, la pereza y ojalá un poco de la mierda. Me duele la muñeca. La terapeuta y la acupuntura quizás me arreglen. Estoy harto de que me duela una causa que desconozco.

Un día una persona me dijo que de mí, de mis palabras, de mis gestos de mi todo, nunca sintió nada…bueno, lindo, algo que generara algo positivo. Y golpeó como un bolazo a la muñeca si estuviera atajando en este momento. Pero seguramente era verdad. Y tampoco me sentí culpable, solo pegó. No fue culpa, no tenía responsabilidad, pero si evidencia la falta de humanidad a veces. La alienación. Solo quiero correr de nuevo y no ser mierda.

Me duele la muñeca. Me duele escribir esto. Estúpida muñeca. No sea tan mierda. Yo no sé cómo puede dejar de serlo una muñeca, pero hágalo.

Solo levántase y corra. No queda más. Quedarse acostado, hecho una pelota de frustración y memorias no-claras; quedarse sentado con la espalda y la mente atrofiada solo lo encadenará más. Me duele la muñeca. Si, pero no la va a cortar por eso.

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Pasar la sequía, recordar el polvo

Miércoles, diciembre 3, 2014
Te conozco. / Andate.

Te conozco. / Andate.

“Yo a vos te conozco de antes”, señaló con su dedo, sin decir palabra alguna, LaAbuela a LaNieta amorosa, cuando abrió sus ojos de miel quemada en el fogón.

Al entrar a la casa, la joven se acercó y le recetó un beso fuerte en la frente arrugada de nácar de la madre de su madre, mientras le lanzaba preguntas de saludo que no conseguían más respuesta que un pesado cerrar y abrir de ojos, como si se abrieran las puertas gigantes de una antigua presa abandonada y sin río para pasar.

“¿Cómo está Tita?”, insistió, sabiendo que no saldrían sonidos de su vetusto y débil cuerpo, que ya pasaba sus días más dormida que despierta.

“Ahora vinieron unas señoras de arriba y nada les quiso decir. Las echó”, bromeó LaNietaCuidadora, disminuida por años de vida dura en la sequía, golpes de bombo en el alma y el solitario trabajo de cuido de una adulta mayor, sin atención por parte de la mayor parte de sus hijos.

Diminuta de altura y aún más allá de los 40 años, todavía guardaba un rostro infantil. Perdió la chispa que aporta la esperanza y el amor. Las piedras se hicieron muy grandes; las risas de niños no alcanzan para curar; la soledad en el molote es una pesada lápida.

ElOtroNieto saludó, tomó café y sonrió sin sentirlo a un árido patio, que dos pequeños zagüates animaban, mientras un gato blanco intentaba jugar con el conejo enjaulado.

En una mesa, una niña lo miraba curiosa y con unas perlas por diente que iluminaban su marco. Otra niña mayor, que trajo la vida y la sequía de otra palma, caminaba más seria. La primera distraída en conversaciones telefónicas con algún amor, alguna risueña amistad… La otra huía en su mente a un bosque fértil, esos que no crecen en los páramos polvorientos.

Los ojos de miel quemada en el fogón de LaAbuela se cerraron sin ganas de abrirse más, mientras los breves minutos de la fugaz visita se extinguieron.

“Adiós Tita. Te amo”, reiteró LaNieta con un beso en la frente nonagenaria. LaAbuela movió su mano en ademán de que la dejarán quieta y sola, que se fueran y no estuvieran ahí. “Fuera”, murmuró – casi gritó – irritadamente su mano huesuda.

Antes no es ahora. El polvo se mete en todas las gavetas del ignorante corazón. Mientras afuera todo es consumido por la mala hierba, por el brutal tiempo y la historia que marca el presente.

Un lagrimeo después, los nietos siguieron su camino, pasada la seca sequía.

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Vivir #Brasil2014 II – Ciao ciao Italia. Hola nuevo jugador tico.

Viernes, julio 4, 2014
En tres años, muchos jugadores limpiaron el traspié pasado, erradicaron la mediocridad y se adueñaron del escenario más grande.

En tres años, muchos jugadores limpiaron el traspié pasado, erradicaron la mediocridad y se adueñaron del escenario más grande.

En el 2011, Jorge Luis Pinto Afanador asumió la dirección técnica de la Selección de Costa Rica. Un año después de la tragedia futbolística que vivió el país con un gol de último minuto en Estados Unidos y un fracaso en repechaje contra Uruguay. El colombiano vino a iniciar un proceso después de una fallida calificación, dos mundiales con una victoria en seis juegos y más de 20 años sin superar el mayor logro de llegar a octavos de final en una copa del mundo.

Se encontró un equipo destrozado anímicamente y con cierta decadencia, una Federación con un fracaso a cuestas y pleitos internos y una afición desilusionada no sólo del más reciente fallo, sino de la acumulación de años de mediocridad.

De aquel equipo titular en la derrota en el primer juego del repechaje ante los charrúas sobrevivieron hasta Brasil Keylor Navas, Roy Miller, Cristian Bolaños, Celso Borges, Bryan Ruiz y el lesionado Alvaro Saborío. Michael Umaña y Junior Díaz entraron de cambio y otros más. Y Luis Marín sigue como asistente técnico. Junto a sus actuales compañeros, son los protagonistas de una transformación más profunda que una victoria.

En Brasil 2014 ya se ganó un grupo con tres excampeones mundiales, se venció a un excampeón de Europa y se rompió el histórico pase a octavos de final de Italia 1990. Pero el logro de estos guerreros va más allá de cuatro resultados y el buen juego mostrado.

Victorias, talento, alma y mentalidad

Historias de sorpresas y Cenicientas hay muchas en el fútbol y el deporte. Costa Rica eleva ese nivel de David y este sábado puede alargar su leyenda en Salvador de Bahía, ante Holanda.

Pero el valor de este equipo debe medirse más allá de lo que dicen los números y el romper el techo costarricense hasta cuartos de final o semifinal. El cambio en la mentalidad del jugador costarricense que esta generación demuestra en tierras sudamericanas es vital para entender el porqué la Tricolor está entre los mejores ocho equipos del orbe.

Del jugador tico se ha dicho históricamente que es técnico, que le gusta tocar la bola, que le gusta llevar la pelota cerquita del pie, que son hábiles… Contento y consuelo de tontos, premio de mediocres. En eso se convirtió la estampa del tico talentoso, que no llegaba lejos. Algunos legionarios nos llenaron de orgullo, pero el equipo patrio no pasó de ser una muestra de jogo bonito por momentos y fracaso absoluto en las ligas mayores.

Pinto estableció condiciones distintas. Con ciertos tintes militares, una obsesión por el parado táctico y la defensa correcta y la insistente investigación de las condiciones del rival y propias. Costa Rica mutó en su juego. Hace mucho dejamos de tener un creativo, el 10 que tanto extrañé durante la eliminatoria. (¡¿Dónde estabas Wílmer o Paté?!)

Bryan Ruiz tomó un rol que no es el de su esencia de delantero. Celso Borges maduró de golpe y se hizo el líder de la media (sin ser diez). Keylor Navas creció a niveles descomunales en su estampida europea. El argentino bigotón que se peleó con todos hizo emerger a nuestra joya negra más preciada salida de Desamparados. Y las alas se crecieron a una envergadura inimaginable con dos laterales de primer mundo, uno de los cuales desgraciadamente ve el Mundial por televisión.

Pero más importante mutamos en la mentalidad y actitud con que se enfrentan los partidos. En la nieve se tuvo coraje. En el Azteca se mantuvo el temple. En casa se hizo valer la localía. Y aunque habían momentos donde faltaba liderazgo (el excapitán Erick Lonnis pidió que se debía acuerpar más, pelear más, gritar más…) la escuadra maduró su mente, su fe y la creencia de que no son menos que México, Estados Unidos o los campeones que la FIFA arrojó en el camino.

Mantener el ciclo mental, no devolverse a la playa

Brasileños, peruanos, alemanes, estadounidenses me preguntaron en las calles de fiesta de Brasil “¿a qué se debe que hayan llegado tan lejos?”. Los llamados analistas y expertos del fútbol que los medios presentan dedicarán horas a intentar responder esta pregunta en unas semanas.

Desde allá arrojé las líneas que pensé con una cerveza en la mano y una sonrisa imborrable: el factor Pinto, el talento de ciertas figuras, el convencimiento grupal y el valor de los jugadores que se hartaron de representar una escuadra mediocre y querían ser parte de algo grande. No bastaba trazar pases bonitos, inventar taquitos o armar jugadas atractivas, si el resultado final no era la adictiva victoria y la escurridiza y por momentos imposible clasificación.

Durante la eliminatoria y fogueos mi mejor amigo (una de las personas no profesionales del deporte que mejor entiende el fútbol, más que muchos profesionales), mi grupo de mensajes celulares sumergido en el fútbol y yo no cesamos las críticas. A los desplazamientos, a la falta de desdoble, a la pobre condición física y sobretodo a la que calificamos como mediocridad por no buscar otro resultado o camino (se vio en la visita a Honduras o el inicio ante El Salvador).

Pero la Sele se encargó de silenciar y tapar bocas, de provocar que muchos se subieran a la carreta por la cual nunca apostaron y de desterrar los vicios que en algún momento observamos. Además de la lucha por semifinales, ese es su legado: entender que en fútbol (y la vida) Costa Rica está para más que animar una goleada del equipo germán organizador de la copa o del Brasil futuro campeón, sino para elevar la competitividad, sacar el pecho y mandar a pesas a cualquiera, sea campeón de Concacaf, América o el Mundo.

Los humanos buscamos la grandeza, pero en algún momento del camino de la vida tomamos decisiones y nos acomodamos en estados mediocres que nos envían por atajos o en reversa. Este equipo entendió lo que deseaban: dejar de ser el tico hábil y fiestero, para ser protagonista. Es la mentalidad que se debe seguir inculcando y es el espíritu que debe inspirar a los clubes, Federación y otros grupos deportivos para reproducir su valor. Algo que el país urgentemente necesita.

“No venimos a conocer las playas”, dijo Celso Borges en conferencia de prensa. No es una línea. Es la consigna que 23 jugadores y un cuerpo técnico se estamparon en el cerebro, la conciencia y el alma. Es la transformación que tiene a este grupo, al borde de – no, no me arriesgo al decirlo – la semifinal más impactante en la historia del deporte rey.

El público que viajó a Brasil se contagió de la mentalidad del equipo y no cesó en su canto. Uno de los ídolos, Yeltsin Tejeda, agradeció el apoyo tras la clasificación ante Italia.

El público que viajó a Brasil se contagió de la mentalidad del equipo y no cesó en su canto. Uno de los ídolos, Yeltsin Tejeda, agradeció el apoyo tras la clasificación ante Italia.

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Vivir #Brasil2014 I – El precio del menosprecio

Miércoles, julio 2, 2014
Costa Rico provocó bromas antes del Mundial. Luego admiración. Negué al menos tres veces cambiar mi chema de la Sele.

Costa Rico provocó bromas antes del Mundial. Luego admiración. Negué al menos tres veces cambiar mi chema de la Sele.

Introducción

En octubre del 2007, la corrupta Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) tomó la decisión de que Brasil fuera la sede de la XX Copa Mundial. En ese momento ya fraguaba en mi mente la cercana y real posibilidad de cumplir un sueño de carajillo: vivir un mundial de cerca, en los estadios, siguiendo a mi país. Lo dejé para tarde, pero salió. El ahorro cumplió, el gasto (inversión) poco importó y un día antes de la inauguración rompía la madrugada, de San José a Alajuela a Miami a Río a Fortaleza a un sueño…

Viajé con miles de ideas de lo que podía ser Brasil, su gente, su fiesta, sus mujeres, su frescura, el fútbol en una fiesta mundialista. Mi imaginación se quedó corta. El sueño era realidad y lo palpaba con seis sentidos, cada día y noche. Tras dos semanas y unos días, hasta el gane de octavos de final de la Selección de Costa Rica, intento contar la aventura futbolera y de la gente, de junio del 2014.

Apostemos…

Una noche antes del glorioso partido contra Uruguay en la Arena Castelao de Fortaleza, calurosa ciudad costera, los ticos iniciábamos nuestra fiesta en aeropuertos, cuartos de hoteles, aceras, bares y el Fan Fest del punto. En cada sede la FIFA armó un área con una enorme pantalla y múltiples ventas de cerveza, frescos y cuanta carajada oficial del Mundial exista. Decenas de nacionalidades, bailes, alegría y bromas. Comenzamos a hablar con unos animados uruguayos de nuestros equipos, el ambiente y fútbol.

“Ahhh vamos a ganar ticos. ¡Sooy celeste…celeste soooy!” gritaban unos. “¡Oeee oeee oeee ticooos ticooos!” respondíamos los otros.

– ¿Apostamos a ver? Una cerveza.

– Bueno tico, te apuesto cinco cervezas, una por cada gol que te vamos a meter.

El joven uruguayo se fue rápido y riendo con sus amigos. Se me bajaron un poco las Skol, apreté el puño, saqué pecho, sonreí entre dientes y lo mandé al carajo…diplomáticamente. La broma (avalo todas) se excedió un poco y me recordó a su infame titular “Costa Pobre”. Esa actitud sobró en ese país, en Italia (su delantero estrella no conocía ningún jugador tico y la prensa auguraba un 5 a 0), en Inglaterra, en periodistas internacionales y en muchos lugares más donde estudian y hablan del deporte rey. Incluso en mi nación. El menosprecio fue evidente. La Cenicienta versus los gigantes que lucharían entre ellos. El problema no fue discutir la mayor probabilidad (claramente era que fuéramos últimos) sino descartar la improbablidad y caer en el desdén de los jugadores de un cuadro.

“No conozco ninguno de sus jugadores”

Desería estar en el seno de los cuerpos técnicos charrúa, azzurri y brit para poder confirmar mi idea de que cada uno de esos no dedicó más de una hora (siendo mucho) a analizar a la Tricolor. Si lo hubieran hecho, los fuertes Godín, Lugano, Cáceres y compañía se hubieran turnado una marca personal a Joel. Si lo hubieran hecho Prandelli hubiera intentado desbaratar la presión tica de la media para evitar que el genio Pirlo tuviera que bajar a su propia área a recoger y acarrear la bola, y se viera arropado por los hábiles, no un torpe Motta. Después lamentaron no pedir más videos de ese pequeño país del centro de América. Ya era tarde. Es el peso, el precio del menosprecio.

Esta lapidaria consecuencia es casi imposible predecirla. Por eso el análisis del estudioso Jorge Luis Pinto, ese que ha irritado a muchos de sus jugadores, tiene tanta valía ahora. Esa investigación de la cual sus colegas carecieron junto con otros valores del colombiano, guió a 23 guerreros que pusieron el resto. La derrota es del técnico y la victoria de los jugadores, se repite en el fútbol. Pero se debe valorar mucho esa antesala, que preparó los juegos que ganaron el talento y coraje que demostraron Yeltsin, Duarte, Bryan y sus compañeros.

SúperMario Balotelli aseguró no conocerlos. En los tres países sonrieron con el rival centroamericano. En Uruguay recordaron su malicia con la que nos ganaron en repechaje. Nadie prefirió analizar la improbabilidad de que ese cuadro tuviera con qué vencerlos. Costa Rica tuvo una eliminatoria irregular, una preparación con dudas, pocos días juntos, fogueos sin demostrar calidad y lesiones sensibles. A esto se le suman críticas viscerales en el país. Ah si y además los obstáculos ajenos al fútbol de sus dueños en las oficinas. La nieve en Estados Unidos, las presas en México, los arbitrajes aquí y allá…

Pero entre todo el capataz J.L.Pinto estudió, leyó e inculcó algo en los suyos. Cuando se haga el documental de este equipo, los protagonistas dirán qué tanto. Y los jugadores también hicieron su tarea a nivel individual. Entre sus difíciles temporadas (8 de los 11 titulares juegan en Europa) afinaron su físico y sobretodo generaron una mentalidad de campeones, una fe del tamaño del Cristo Redentor e imaginaron los 90 minutos con los que iniciarían la aventura mundialista en Brasil.

Imaginaron lo que nadie. Lo que algunos crédulos pensamos en términos menores, pues el más confiado apostaba al segundo lugar. Nadie dibujó ese juego contra Uruguay en sus mentes. Nadie excepto un equipo histórico, que desbarató y aceleró mis mejores sueños de niño futbolista, correteando por el barrio y los “planchés” y la playa y las canchas, hasta llegar y quedar afónico en Fortaleza. El primer sitio tomado por Costa Rica. La conquista continúa.

Uruguay dejó el traje entero en el camerino y se enfrentó a la Cenicienta del grupo con su forma más informal. Lo pagó caro su menosprecio.

Uruguay dejó el traje entero en el camerino y se enfrentó a la Cenicienta del grupo con su vestimenta más informal. Pagó caro su menosprecio. Nunca encontré al tipo que me debe cinco cervezas.

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Dos asaltos en media hora…se acabó mi buena racha

Jueves, enero 30, 2014

El miércoles de esta semana fui asaltado por partida doble, en menos de media hora. En un caso con la violencia violatoria que miles han sufrido y el otro con la pasividad de sólo palabras y una risa detestable. Ambos despertaron ira, frustración y tocaron el bolsillo.

I

(Imagen de CRHoy)

(Imagen de CRHoy)

El sol arremetía contra las latas de zinc del barrio Metrópolis I en Rincón Grande de Pavas y contra el rostro de los curiosos, ilusionados, idiotas, ilusos y bombetas que salieron a la calle a recibir al candidato presidencial del Partido Liberación Nacional. Por mi trabajo, acudí a esa alameda donde Johnny Araya probablemente no entraría en un día libre, pero este miércoles se convirtió en su enésima caza de votos, antes del crucial 2 de febrero próximo.

(Para los que no han ido, del Liceo de Rincón Grande, se baja hacia el norte. Típico barrio con una rotonda, casuchas, casillas, casas y callejuelas. Entre todo, gente buena, despreciables ladrones y drogadictos y búnkers. La pinta lo denota, pero el sol encandila al inocente.)

Al final de esa calle del higuerón, un tugurio, el tugurio Tarzán, en honor al líder de la zona, que enfundado en su camisa “Johnny Araya 2014”, salió a recibir al único alcalde que recuerda. Ahí, las palabras inspiradoras del líder, (que para mi fueron casi profetizantes y repletas de ironía posterior). Ahí, espacios que son casa para muchos. Ahí, niños que no pierden la sonrisa ni descalzos, con hambre y en harapos. Ahí, un camino empedrado con espacios que llaman casas, pero no son viviendas dignas para un humano.

“Yo puedo entrar a Rincón Grande sin guardaespaldas porque la gente me tiene cariño. La gente me ha visto trabajando”, vociferó el palmareño. Mis ojos se toparon con los de una colega. Mismo gesto. Ese que está haciendo usted. Pero los políticos saben dar en la tecla justa, cuando entran a un tugurio. Estrechar la mano de personas desafortunadas, desgraciadas, pobres, de malas decisiones…no lo sé. Tendría que conocerlos a todos. Dichoso don Johnny.

II

Tras las palabras, los saludos, los abrazos, las decenas de fotografías y la obtención de algunos votos seguramente, procedió la salida de los compañeros, pegabanderas y trabajadores del candidato y los comunicadores que estuvimos. Llegaba lo usual: terminar de mandar vídeos, texto y fotografías necesarias para que en mi oficina montaran la nota. Pequé de iluso y me senté en la esquina de la rotonda de Metrópolis I. Justo donde me dejó mi compañero chofer.

Como una ráfaga de huracán, un golpe a la quijada. Mano de boxeador ebrio tenía ese tipo. Gancho con la derecha. Llave al cuello con la izquierda. Y seguidillas de golpes con la derecha. Su pareja de crimen se abalanzó sobre mi brazo izquierdo, dueño hasta ese momento, de un teléfono celular sin un mes de uso, mientras mi derecha intentaba zafarse o no ser ahogado.

En segundos confusos, pudieron ser 100 o 10, no lo sé, gritaron, forcejeé, me negué a lo inevitable, aguanté, arranqué un pedazo de camisa, amenazaron con un balazo (aunque dudo que tuvieran arma) y finalmente cedí. Boca abajo se fue mi lente de contacto derecho y me levanté solo para ver dos pares de piernas en huída. Hacia uno de esos callejones típicos de estas barriadas josefinas.

III

– ¿Está bien muchacho?

– Si…bueno golepado, no sé. Puta. Mi lente se salió.

– ¿Qué le quitaron?

– Celular, nada más.

De la nada, brotó un puñado de vecinos que llegaron a mi tardío auxilio. Un celular, dos llamadas y la patrulla en el sitio. Tras la descripción, la lección.

– Ah no…es que aquí no se puede hacer eso. En dos patadas lo dejan ciego a cualquiera.

– Si…yo sé…yo sé que es feo…solo diay…hubiera entrado a esa pulpe.

Un vecino aportó los apodos de los ladrones a quiénes (perdón Abuelo, perdón Mandela, no sé nada del perdón) deseo la muerte. Aportan poco y nada al mundo, quizás a la economía del crimen. Y a qué calle se metieron. Un veterano policía lo apuntó en un gastado cuadernillo. Una vuelta para conocer mejor el barrio y una señal a la posible guarida.

– Es que nosotros no podemos entrar.

– Si, yo sé. ¿Me saca a la principal?

– Sí, súbase. Ponga la denuncia. Ya con eso. Ese señor es testigo. Ya con eso, ahí sube el expediente. Cuando lo agarremos…tendrá más causa. Póngala.

IV

En una espiral de incredulidad salí a una espera eterna en la calle de Rincón Grande. Quería largarme y volver con un AK-47 y Chuck Norris de amigo a buscarlos. Vaya amenaza para alguien que en su vida ha disparado una pistola o lanzado un puñetazo. Y en eso se acercó mi tercer asaltante del día: un trabajador de un centro educativo en una camiseta verde perico.

– Diay…¿muy feo lo hicieron?

– Si. Pero diay. ¿Me presta el celular para llamar a la oficina?

– Uy manillo, no tengo saldo. Tengo que poner, bueno ahí en la oficina me ponen.

El tipo resultó ser un educador, pero hoy militante, coordinador y organizador del comando verdiblanco en este sector de Pavas. En eso pasó una joven morena, con dos bolsas de carne, chorizo y cerdo. Tras el saludo pertinente con mi compañero de espero, las bromas, llegó la explicación.

– ¡Qué rico se la tira vago!

– Nada de vago. Estoy trabajando. A mi la jefa me dijo ‘vaya a hacer pelota’ ahí. Me pagan el día y aquí estoy. A las dos tengo reunión.

El hombre me clavó el puñal. Ese clientelismo, esa corrupción a escala, esa vagabundería con sello político. Mitines con tintes de estafa. No es nuevo. La gente lo sabe. Los veteranos lo conocen bien. Pero tras un asalto se sintió peor. Sólo arrugué una sonrisa y pedí que llegara el carro.

Larga espera a la par del ejecutor de mi segundo asalto del día. Sin violencia, sin forcejeos, sin llevarse mi billetera. Pero el panorama de una Costa Rica que hace mucho se desangra, por heridas enormes y por huequitos de curita. Detestable hombrecillo corrupto que robó un salario. Igual o más que los piedreros de unos minutos antes, no lo sé.

V

No aguanto el cuello. Esto es una mierda. Jueputas lajas. Puta, mi celular casi nuevo. Tranquilo, pudo haber sido peor y han habido miles a quiénes les ha ido mucho peor. Deje de llorar. Bueno. Dichoso don Johnny, usted no necesita guardaespaldas acá. Yo sí.

El domingo marcaré una X en una hoja, con la esperanza de que (ninguna de las dos epidemias se acabará en un Gobierno) al final de la jornada recupere en algo el optimismo – nunca tenido totalmente – pero hoy perdido mucho más.

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Hacer un hueco

Miércoles, septiembre 19, 2012

Tarde o temprano, es necesario

“¿Vas a hacer el hueco? Está lloviendo, pero no tanto,” recuerda Mama mientras camina al jardín.

Hacer un hueco, uno considerable, significativo, más grande que solo para meter el dedo gordo del pie en la arena, es una tarea complicada; pero esencial e imprescindible en la vida. ¡Hay que hacer un hueco tarde o temprano!

Un hoyo para enterrar, para escavar, para descubrir o para sacar algo enterrado. Para plantar. Para sepultar cuerpos o desechos orgánicos. Ambos abonan el suelo. “Abonando el pálido jardín” cantó el ya enterrado Fidel Gamboa. Unos fertilizan con enorme dolor, otros con la naturalidad de algo que fue preparado en la cocina. Cualquiera sea el estilo, es importante preguntarse por ese abono y como aportará a lo que venga.

De todas formas, algo mío queda en la tierra. Sudor, lágrimas, partículas de piel. Un anticipo de lo que sucederá con mis huesos y órganos.

Salir al jardín y a la lluvia a hacer un hueco es necesario. Es trabajo, ejercicio y dolor. Hace casi un año, paleé una fosa diferente. Hoy la recuerdo. El hueco se transforma, evoluciona. Lo que decidimos es como lo vamos llenando: con rencor, dolor, memorias, sonrisas o podredumbre. Podrá ser terreno fértil con árboles, un espacio vacío o un hueco perenne.

Recuerdo aquella sepultura. Sigo sacando tierra, desesperado por hallar algo que no está. Paro. Jadeo y contemplo la fosa de hoy. Me arden otras que he hecho y continúan en mi pálido jardín. La lluvia cae, humedece todo y lava polvo de mis manos chimadas por la pala. Sigo golpeando el suelo con la pala, sacando tierra.

“Ya, pare, deje de sacar tierra. Nos aguanta por lo menos 3 meses,” exhorta Mama.

La tierra espera a cuando hago el próximo hueco.

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La afición de la impotencia

Miércoles, agosto 29, 2012
El fútbol de Costa Rica adormece

“No les pido 28 pases como el Barcelona”

Veo fútbol nacional, ya ni siquiera por ser fanático del deporte, ni por ver si Cartago se acerca a un título utópico. Llegué a la conclusión de que lo hago por tres razones fundamentales: la primera, un ejercicio profesional mental que intento realizar en cada partido; la segunda, estar al tanto de información que me interesa; y la tercera, masoquismo.

Pero el acto se torna irritante, decepcionante, repetitivo y adormecedor. Los mismos vicios y defectos en cada equipo. La misma apatía aparece en cada juego. Así que estas palabras nacieron, no como un análisis digno de los debates futbolístico de los espacios deportivos de los medios nacionales (pobres la mayoría), sino como un berrinche ante la desesperación que significa ver el deporte rey, sucumbir ante pésimas presentaciones domésticas. Arranqué hace unos minutos, cuando el fanático en mi le quería aventar el pan con mermelada y queso crema a la pantalla, enojado por el insípido y mediocre partido que realizó la Liga Deportiva Alajuelense, en Nicaragua contra el Estelí, por la Liga de Campeones de la CONCACAF. (Y el Saprissa el sábado pasado, y la Sele contra Perú…)

No espeté palabra alguna. En silencio, como en la mayoría de partidos que veo, hice una mueca, me levanté y un berrinche a dos pases. Uno. Como diría un ya célebre fanático argentino: a la Selección Nacional, a Cartago, a los clubes locales, no les pido “28 pases seguidos como el Barcelona”, con 8 o 10, sonreiría. El deporte se llama “fútbol asociado” por algo. Pero para poder pasar bien, hay que saber donde están ubicados mis compañeros, desde antes de que recibo el pase. Y desde antes, saber que voy a hacer con la bola. Parte del problema es que juegan a partir del momento en que tienen la redonda en los pies, no antes, ni después de pasarla, ni durante las posesiones de los demás compañeros, y del rival. Así, cuando llega la pelota, la decisión se complica, y tras 3 o 4 decisiones sobre la marcha, ¡juas! la simplifican con un pelotazo.

Dos. La estática es la rama de la física más dañina en un campo de fútbol. Los jugadores costarricenses se mueven cuando la tienen clara, cuando su compañero los arrastra con la mirada o con un grito, cuando son laterales y es parte de su deber inmediato (y ni así), o cuando deben lanzar la diagonal en busca de la pelota. Pero la mayoría de movimientos son tardíos, lentos y por lo tanto predecibles. Hoy vi a Pablo Gabas, el jugador manudo más importante, proyectar a su delantero hacia la esquina de la cancha con un buen pase. ¿Y qué hizo? Quedarse viendo, quedito y estático, mientras Gatjens, el delantero en cuestión, correteó, se escapó a su marca, y tiró un centro que no pasó a más. La postal se repite en todos los partidos, en la mayoría de jugadores.

Pases y movilidad constante. Dos ¿sencillas? premisas que deberían trabajar los técnicos, sin excusarse en el cuento lavolpiano de “eso es de ligas menores y escuela de fútbol, ya no puedo arreglarlo”. Hoy en Fuera de juego analizaban el bonito juego del Swansea City de Michael Laudrup, con más de 20 pases antes de un gol. Dijo Ricardo Ortiz “¿Tan difícil es esto que todos los equipos no lo puedan hacer?” Si Ricardo, hacerlo en Costa Rica parece imposible. Pero aún así, seguiremos mirando los partidos, impotentes e irritados.