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La afición de la impotencia

Miércoles, agosto 29, 2012
El fútbol de Costa Rica adormece

“No les pido 28 pases como el Barcelona”

Veo fútbol nacional, ya ni siquiera por ser fanático del deporte, ni por ver si Cartago se acerca a un título utópico. Llegué a la conclusión de que lo hago por tres razones fundamentales: la primera, un ejercicio profesional mental que intento realizar en cada partido; la segunda, estar al tanto de información que me interesa; y la tercera, masoquismo.

Pero el acto se torna irritante, decepcionante, repetitivo y adormecedor. Los mismos vicios y defectos en cada equipo. La misma apatía aparece en cada juego. Así que estas palabras nacieron, no como un análisis digno de los debates futbolístico de los espacios deportivos de los medios nacionales (pobres la mayoría), sino como un berrinche ante la desesperación que significa ver el deporte rey, sucumbir ante pésimas presentaciones domésticas. Arranqué hace unos minutos, cuando el fanático en mi le quería aventar el pan con mermelada y queso crema a la pantalla, enojado por el insípido y mediocre partido que realizó la Liga Deportiva Alajuelense, en Nicaragua contra el Estelí, por la Liga de Campeones de la CONCACAF. (Y el Saprissa el sábado pasado, y la Sele contra Perú…)

No espeté palabra alguna. En silencio, como en la mayoría de partidos que veo, hice una mueca, me levanté y un berrinche a dos pases. Uno. Como diría un ya célebre fanático argentino: a la Selección Nacional, a Cartago, a los clubes locales, no les pido “28 pases seguidos como el Barcelona”, con 8 o 10, sonreiría. El deporte se llama “fútbol asociado” por algo. Pero para poder pasar bien, hay que saber donde están ubicados mis compañeros, desde antes de que recibo el pase. Y desde antes, saber que voy a hacer con la bola. Parte del problema es que juegan a partir del momento en que tienen la redonda en los pies, no antes, ni después de pasarla, ni durante las posesiones de los demás compañeros, y del rival. Así, cuando llega la pelota, la decisión se complica, y tras 3 o 4 decisiones sobre la marcha, ¡juas! la simplifican con un pelotazo.

Dos. La estática es la rama de la física más dañina en un campo de fútbol. Los jugadores costarricenses se mueven cuando la tienen clara, cuando su compañero los arrastra con la mirada o con un grito, cuando son laterales y es parte de su deber inmediato (y ni así), o cuando deben lanzar la diagonal en busca de la pelota. Pero la mayoría de movimientos son tardíos, lentos y por lo tanto predecibles. Hoy vi a Pablo Gabas, el jugador manudo más importante, proyectar a su delantero hacia la esquina de la cancha con un buen pase. ¿Y qué hizo? Quedarse viendo, quedito y estático, mientras Gatjens, el delantero en cuestión, correteó, se escapó a su marca, y tiró un centro que no pasó a más. La postal se repite en todos los partidos, en la mayoría de jugadores.

Pases y movilidad constante. Dos ¿sencillas? premisas que deberían trabajar los técnicos, sin excusarse en el cuento lavolpiano de “eso es de ligas menores y escuela de fútbol, ya no puedo arreglarlo”. Hoy en Fuera de juego analizaban el bonito juego del Swansea City de Michael Laudrup, con más de 20 pases antes de un gol. Dijo Ricardo Ortiz “¿Tan difícil es esto que todos los equipos no lo puedan hacer?” Si Ricardo, hacerlo en Costa Rica parece imposible. Pero aún así, seguiremos mirando los partidos, impotentes e irritados.

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