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Merceditas y un lunes más

Lunes, mayo 2, 2011

Cuando éramos pequeños, en su casa en Desamparados, Guido me cantaba “había una vez un barquito chiquito…había una vez un barquito chiquito…había una vez un barquito chiquitoooo, que no podía, que no podía navegar…”. A veces lo sueño. A ratos lo veo. Algún día lo cantaré yo también.

Era un señor pochotón, con pocas canas en su cabellera, unos gruesos lentes y dos arrugas en las mejillas como surcos en el campo de la vida. El arado había sido el trabajo y seguro el dolor. El dolor de golpes de la vida, de rencores y pleitos, y la enorme angustia de no tener el ansiado hijo.

Pero esa niña llegó. Como un vendaval de optimismo. Un tornado que borra de golpe y a punta de besos, los años pasados. Ella jugaba con nosotros. Yo la correteaba. Pili se reía. Laura pensaba. Andy no hablaba. Merceditas sonreía, henchida de amor, inflada de felicidad, llena de eso que solo los niños aportan. Esa belleza que perdemos con cada cumpleaños.

Un día la niña se fue. No se supieron detalles. No se supo el porqué. Ahora Merceditas sabrá quizás. El resto nos preguntamos, diseñamos hipótesis mentirosas o escribimos una realidad/ficción que algunos demandarán por falaz. Léalo como un cuento si quiere.

La niña se fue y dejó corazones vaciados, almas destruidas y una vida que levantar. Él con esfuerzo, cuidando de Ella, manteniendo la sanidad (solo su Dios sabe como). Ella con píldoras, con la espalda hecha un lamento y con Él como bastón vital.

Hace dos días Merceditas se fue. Guido la veía en la caja de madera. La veía como para no olvidarla, aunque jamás pasará. Tomó un puño de tierra y lo lanzó. Se ofreció palear para enterrar la caja. Un joven terminó la labor. Él la veía. Pestañeando. Lagrimeando un poco. Sus lentes gruesos, su pelo ahora lleno de canas y una espesa barba. Me costó reconocer aquel pochotón que me cantaba. Pero ahí estaban esos surcos de vida, ahora un poco más profundos.

Merceditas descansa. Mejor así. El resto seguimos con hipótesis. La niña que creció tiene la respuesta. Guido debe portar más dolor de lo que yo jamás tendré. Pero sigue abrazando con amor. Ayer me abrazó más fuerte de lo que había hecho un hombre en mucho tiempo.

Ayer Guido me volvió a ver. “Dios te bendiga Manuelito.”

Silencio en su hombro. Guido: “había una vez un barquito chiquito…” Cante conmigo. Y nos vemos en esa sala. Ahí llegará Merceditas. Ahí llegará la niña. Ahí estaremos todos.

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2 comentarios

  1. Ale que linda historia me gusto mucho, se me salieron las lagrimas y todo, Yo estoy muy orgullosa de ud y sepa que lo amo mucho y siempre quiero que este bien y sepa que puede contar conmigo para lo que necesite.


  2. gracias guila.
    =



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