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El final del último comandante

Lunes, octubre 18, 2010

Montaje estreno y fotograma

Duró 14 años en llegar a la pantalla grande, en gestarse, en tener cada parte formada para poder nacer en el mundo cinematográfico. Y su llegada estremece la escena fílmica costarricense, que en el 2010 respira con una capacidad pulmonar nunca antes vista. El último comandante por fin se exhibe en Costa Rica. Pude verla en el preestreno en el Cine Magaly, y me conmovió de una forma única. Entre la risa y el dolor del engaño de Morita, y la total desazón de un Paco Jarquín que no se reconoce.

“¡Patria…o muerte!”

El último comandante relata la historia de Paco Jarquín, un comandante nicaragüense de la Revolución Sandinista, que abandona el “¡Patria libre o muerte!” para buscar nueva vida en el vecino país de Costa Rica. Lo hace guiado por sus zapatos de baile, y su pasión por el chachachá. (En algún momento la película se llamó “El rey del chachachá”.) Pero tras 20 años de haber escapado de la batalla nica, de sus soldados y de sus mujeres, se encuentra sin futuro. Sin salones de baile para exhibirse, sin nadie que quiera bailar chachachá, y con una compañera alcohólica que dejó una incipiente carrera de cantante para venir de Limón, enamorada con él a San José. (Sorprendente ver a Thelma Darkings en un papel sin sonrisas, sin sueños, con apenas vida.)

Retrata emotivamente aquella utopía que soñó toda una generación de nicaragüenses, ticos, latinoamericanos…y que se destrozó como La Piñata. Pero todo es guiado por una historia humana y universal. Su codirectora Isabel Martínez vivió 10 años en Nicaragua, es de padre pinolero, y en esa adolescencia revolucionaria se empezó a crear el último de los comandantes. Apoyado por su compañero de vida, el brasileño Vicente Ferraz (también coguionista junto al cubano Manuel Hernández y el intregrante de Malpaís Jaime Gamboa), emprendió una lucha para ver finalizada su obra, casi 3 lustros después. Isabel afirma que más allá del retrato histórico, importa la historia de un hombre que toma una decisión en situaciones extremas, y cuya vida cambia drásticamente, entre una miserable decepción, desazón, una completa desilusión de los sueños que alguna vez lo movieron a enfrentar al enemigo en la guerra.

Francisco el perdedor

El mexicano Damian Álcazar no había visto la película hasta su estreno en suelo tico. Con una barba larga, no parecía el comandante de la cinta. El actor de “La Ley de Herodes” y “El Crimen del Padre Amaro” entrega una actuación brutal y conmovedora. Se fue a investigar a Nicaragua. Aprendió el acento de los nicas, aprendió la historia de los propios excomandantes. Cuando le pregunté a Damián por el personaje, lo calificó “de un perdedor, que abandonó sus ideales, y tiene una historia muy triste”. Historia que atrapa, que captura, que transporta a una Nicaragua de guerra, y a un centro de San José con olor a baile y sudor, a guaro y desazón, a desilusión y dolor. En medio de todo, un Paco que por momentos, ante la inevitable desilusión, escondía la mirada llorosa. Es desgarrador el saberse renunciante de una utopía, saber que se huyó de la “labor militar”.

Oda aparte para Alfredo Catania, (él y Damián compartieron el premio al Mejor Actor en el Festival Iberoamericano Cine Ceará 2010). “Morita” es un anciano exmilitante que cree aún en los ideales sandinistas, en que la revolución vive, y en su Comandante Jarquín, a pesar de que este tiene otras intenciones. Me hizo reír por sus ocurrencias de batalla, y moquear ante el engaño de un hombre (¿una generación?) que vivía por y para ver realizado un hermoso sueño.

Todos hemos sentido el punzón de una película que toca profundas fibras en el alma. Ayer, eso me pasó en muchas escenas (en el bus del acordeón, en el bote en el río, en el hospital…), mientras mi inquieta compañía se burlaba de mis cuasilágrimas. Tras acabar la película, me volví a ver el resto de las butacas, mientras devolvía una lágrima. Juro ver a un colega limpiar su rostro. Si de una lágrima o los mocos de un resfrío no se. Pero lo echo al agua porque me pareció, que al igual que yo, se golpeó ante la caída del último comandante.

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